Durante décadas, Urabá ha sido una región estratégica para Antioquia y para Colombia, pero también una de las más olvidadas. Municipios como Apartadó y Chigorodó, corazón productivo del Urabá antioqueño, han cargado sobre sus hombros una deuda histórica que se traduce en carencias básicas: falta de alcantarillado digno, vías sin pavimentar, infraestructura insuficiente y oportunidades limitadas para su gente.
No se trata de una falta de talento ni de voluntad ciudadana. Urabá ha demostrado ser un territorio trabajador, resiliente y profundamente comprometido con el desarrollo del país. Lo que ha faltado, históricamente, es una presencia estatal eficaz, planificada y honesta, capaz de ejecutar inversión social con impacto real y sostenido.
Hoy, esa conversación empieza a cambiar.
Desde la experiencia de gobierno local, se ha demostrado que otra forma de ejecutar los proyectos públicos sí es posible. La transformación no ocurre solo con discursos, sino con decisiones técnicas, transparencia en la ejecución y cercanía con la comunidad. Esa fue la base que permitió construir confianza institucional y que llevó a que una gestión local fuera reconocida como una de las mejores del país: no por propaganda, sino por resultados visibles en el territorio.
En municipios donde antes predominaba la desconfianza, hoy se habla de planificación, de obras que se terminan, de inversión social que llega donde realmente se necesita. Esa experiencia es la que hoy impulsa a líderes como Santy Montoya a levantar la voz por Urabá y a asumir el reto de ser un vocero del territorio en el Congreso de la República.
Urabá no necesita más promesas; necesita representación con conocimiento del territorio, con la autoridad moral que da haber gobernado bien y con la claridad de que el desarrollo comienza por lo básico: alcantarillado, vías pavimentadas, servicios públicos dignos y oportunidades económicas reales. Lo que hoy se exige para Apartadó y Chigorodó es lo mismo que se reclama para toda Antioquia: equidad territorial.
Esa visión se conecta con un proyecto departamental más amplio. La idea de que Antioquia debe avanzar de manera integral, sin municipios de primera y de segunda, es la base de la apuesta que acompaña a Braulio como precandidato a la Gobernación. Un proyecto que entiende que el desarrollo no puede concentrarse solo en los grandes centros urbanos, sino que debe llegar con la misma fuerza a los territorios históricamente marginados.
Urabá está listo para dar el siguiente paso. Tiene ubicación estratégica, capacidad productiva y una ciudadanía que exige resultados. Lo que necesita ahora es liderazgo político que convierta esa energía en políticas públicas sostenibles.
La deuda histórica con Urabá no se paga con palabras, se paga con obras, con gestión eficiente y con representación real. Y esa es, hoy, una conversación que Antioquia entera está llamada a asumir.

















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